Gerardo (El Pato Che)

Ni de aquí ni de allá: en México le dicen “El Che” y en Argentina “El mexicano”. Su mote de Pato Che se lo pusieron “Los niños de San Miguel”, una noche de verano en la selva chiapaneca. Lo aceptó con gusto, porque el animal describe su proceder (a cada paso una caga…) y el hombre (nuevo) le recuerda su constante búsqueda de congruencia. Culpa a su hermana de su agonizante amor por la escritura y a su madre de haberlo infectado con el bicho del periodismo (que contagió a media familia)…

Ha escrito de todo un poco: política, negocios, investigaciones, pero disfruta más las crónicas de viaje que le hacen revivir sus giros por el planeta. Le gusta decir que trabaja para el Lado Oscuro durante el día y en contra de él por las noches.

Sueña con hacer cine documental y convertirse en activista de tiempo completo.

Perdió el acento y el nacionalismo vaya a saber dónde, pero le enorgullece sentirse latino y un poco ciudadano del mundo. Es un nómade eterno que sueña con ser sedentario, pero hasta ahora sus raíces nunca lo sujetaron con suficiente fuerza.

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