Saltillo ¿es otra cosa?

Por Emma

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Parece que fue ayer, pero han pasado más de seis años desde aquella tarde en la que, caminando por las calles de Saltillo, nació el sueño de recorrer el continente.

Después de este tiempo en Chiapas, refugiada de la violencia que azoró mi etapa universitaria, la capital de Coahuila ya no se me figura “el mismo bordo, el mismo semáforo, la misma esquina”, como suele reflexionar el pequeño Zague.

Saltillo es, como diría Catón, “otra cosa”. Pero no por los “puentes de la gente”, construidos con el sobrante de lo que se robó uno de los gobiernos más infames de la historia, ni por el ambiente de inseguridad, que ha diezmado la confianza y la vitalidad pueblerina de los saltillenses.

Saltillo es otra cosa porque hay gente que no se rinde y apuesta a su rescate. Por un inusual activismo que va desde la defensa de los derechos de los migrantes, a la de los partos dignos, a la del maíz nativo.

Saltillo es otra cosa porque su gente está despertando y a ella va dedicada esta crónica.

Activista por la vida

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En Chiapas, ese otro México de corazón indígena, comencé a interesarme en dos temas relacionados con la vida: el parto respetado y el maíz mexicano, ambos amenazados por la falta de educación y los embates publicitarios de las trasnacionales de alimentación y farmacéuticas.

Por ello, al llegar a Saltillo, no dudé en contactar a Karla González, una chica que además de cursar su penúltimo semestre de la carrera de medicina, es madre de un pequeño de tres años, educadora perinatal y activista por el parto respetado.

Con el apoyo de su familia logró parir a Naissance (Nacimiento, en francés), un centro de psicoprofilaxis y de activación del embarazo, que además de ofrecer terapia acuática, realiza cursos de paternidad consciente y asesorías de lactancia y ablactación. Su misión: informar a las mujeres coahuilenses sobre su derecho a un parto consciente y seguro, además de ser una de las principales impulsoras de la medicina placentaria en el noreste de México.

Su labor es heroica, sobre todo en un estado como Coahuila, donde el porcentaje de cirugías cesáreas supera por mucho las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Desde que se empezó la obstetricia moderna y los partos se trasladaron a instituciones, el índice de cesáreas ha ido en aumento, porque una institución es para atender una situación de riesgo. Entonces, toda paciente que llega ahí se cataloga como enferma, porque a los médicos se nos instruye para buscar enfermedades. Las parteras han sido relegadas del sector salud porque no generan ganancias. Lo que no se está viendo es que ellas son las que podrían disminuir el índice de cesáreas”, dice Karla.

Su embarazo fue el detonante que la llevó a construir su sueño. “Todo lo que fui aprendiendo en este lapso y equiparándolo con mi formación médica, me dio la idea de compartir esto con las demás mujeres. No se podía quedar sólo en mí”, platica.

Su objetivo, a mediano plazo, es hacer crecer el centro de salud integral para la mujer y extender un programa de parto en casa, para “que las mamás y bebés saltillenses tengan una mejor experiencia”.

Su historia y la de muchas mujeres que luchan por un parto humanizado será parte de un documental que estamos realizando sobre el tema. Por lo pronto, he escrito un artículo más extenso que puedes encontrar aquí.

El rastro del maíz

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Mi interés por el destino del maíz, me llevó a conocer al ingeniero Gustavo Burciaga, director del Instituto Mexicano del Maíz de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN).

Gustavo nos habló sobre una de las alternativas que podría contribuir a lograr la autosuficiencia alimentaria de maíz, sin la inserción de transgénicos: la hibridación in situ, que no depende de patentes y garantiza altos rendimientos.

“En la década de los 70’s comenzó aquí en la UAAAN un programa de mejoramiento de maíz, a raíz de las investigaciones de alumnos y docentes”, cuenta. Entre ellas, la del doctor Mario Enrique Castro Gil, que logró desarrollar una pequeña planta de maíz que denominó ‘Maíz Enano’ y lo bautizó con el nombre de Pancho Villa (AN-360).

Su nombre obedece, según Burciaga, al alto sentido nacionalista de su creador, quien consideraba muy significativo que ese maíz que daba hasta 20 toneladas de granos por hectárea en condiciones experimentales, llevara el nombre del único mexicano que invadió a los “gringos”, en aquel Columbus de 1916.

Si bien las investigaciones de Castro Gil fueron solicitadas en China y en la entonces Yugoslavia, su trabajo se vio interrumpido cuando falleció en un accidente aéreo junto a su equipo de trabajo.

Su avioneta se desplomó días después de una severa crítica que realizó en una reunión de trasnacionales con la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), donde instó a defender la producción maicera del país de las voracidades de esas empresas.

Pero como toda semilla bien plantada, la de Castro Gil floreció y sigue evolucionando. Los trabajos de investigación han revelado que la cruza del “Maíz Enano” con otras variedades mexicanas puede producir maíces híbridos “súper resistentes” a climas duros, plagas y enfermedades, en zonas como el Bajío y el norte, así como en los trópicos húmedos y secos.

Sus líneas de investigación también se extienden al maíz forrajero para la industria avícola y al desarrollo de semillas poliembriónicas, capaces de generar dos o tres plantas por cada semilla cultivada.

“A diferencia del transgénico, que transfiere un gen de una especie diferente, con el maíz híbrido se preserva intacto el genoma de la planta que ha evolucionado por más de diez mil años y que sigue dando nuevas recombinaciones”, asegura.

“Existen las condiciones en el campo mexicano para tener autosuficiencia, al menos en maíz. Pero estamos en Saltillo, Coahuila… aquí, si un agricultor produce maíz, ¿quién se lo compra? Nadie ¿por qué? porque las tortillerías Maseca usan harina Maseca”, dice el investigador.

Maseca, del grupo Gruma, importa los excedentes de maíz de Estados Unidos para producir su harina. Un estudio realizado por Greenpeace en 2006 reveló presencia de maíz transgénico en cuatro de nueve muestras de Maseca analizadas.

“No se si lo estén considerando nuestros gobernantes, pero no podemos apostar la alimentación de un pueblo a dos transnacionales. Sus granos se cotizan en la bolsa de valores de Chicago, entonces si hay exceso de producción, se baja el precio; no hay producción, sube el precio. Nosotros contamos con semillas para entregarlas a los campesinos y agricultores que vayan a hacer buen uso de ellas. Es una pequeña parte, pero es importante, porque es el fruto del conocimiento de mucha gente. Esa era una de las visiones del maestro Castro”, concluye.

Más sobre la lucha por la soberanía alimentaria: aquí.

Atrapasueños: el cabaret

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En Chiapas, también nos embarcamos en una aventura que se convirtió en otro de los pilares de Polo a Polo: el circo social.

Cuando la vida de oficinista de Rober terminó repentinamente, el destino nos llevó de Guadalajara a San Cristóbal de Las Casas, el “más mágico de los pueblos mágicos”, en donde, según dicen los que saben, “encuentras lo que necesitas y no precisamente lo que buscas”.

Allí, recibimos una invitación a Casa Plena, una escuela de ecología humana en la que, durante dos años, descubrimos el arte como instrumento para el desarrollo y práctica de la conciencia humana, que se puede “aprender enseñando” y “enseñar aprendiendo”, porque “todos somos maestros de todos”.

Las prácticas de danza aérea nos llevaron a una introspección, a conocer mejor nuestro cuerpo y espíritu, íntimamente conectados, a valorar los pequeños pasos y a intentar –por más que resulte difícil– dejarnos fluir por los caudales de la vida.

Decidimos que esta sería nuestra “compartición” –como dicen los zapatistas– en los lugares que visitáramos. Así que mientras el Pato Che se iba cada mañana a sus cátedras de mecánica con Pancho, la rienda de la inspiración artística se soltó y en un abrir y cerrar de ojos montamos Atrapasueños Cabaret. No será el Cirque du Soleil, pero aun con todas sus carencias técnicas, intenta esparcir el mensaje de que todos tenemos la llave para echar a andar el motor de los sueños.

“El inmueble”, aquella casa en la que Mamá Mihit tenía la idea de poner un gimnasio geriátrico, se convirtió en el escenario perfecto para un show que incluyó proyecciones audiovisuales, música a cargo de Eddy Calderón, a “Antonymous”, números de tela, aro, malabares, a Chai “la perra cirquera” y a Mihi su amigo ¡el mejor payaso del mundo!

A la gran noche, acudieron vecinos, familiares, amigos y hasta el mismísimo fotógrafo del gobernador, Alberto Puente, quien inmortalizó el evento.

Tadeo e Issa hicieron las veces de tramoyistas y estuvieron a cargo de la iluminación, creativamente diseñada con lámparas LED y papel aluminio.

La noche se la llevó el Mihi, quien con su gracia de clown natural hizo explotar las carcajadas del público. Chavalic dijo que se rió como hace años no lo hacía. Y aunque Rober y yo literalmente “nos atoramos” en la ejecución del duo en tela, los aplausos del público noble pagaron con creces la fatiga.

Para cerrar con broche de oro, Rober y Mihi ofrecieron un espectáculo de fuego, que iluminó a nuestras espaldas la sierra de Zapalinamé. La noche terminó en algarabía, con asistentes intentando hacer malabares y acrobacias. Hubo chiquillos corriendo por doquier, copas llenas, el corazón contento.

De Atrapasueños surgió la posibilidad de abrir un taller intensivo de danza aérea a cargo de nuestro colectivo Pies que Vuelan y extenderlo a El Shala Saltillo, un santuario de la práctica yogui, donde nos colmaron de cariño y energía positiva.

También llevamos nuestro pequeño show a la Casa del Migrante de Saltillo, donde pasaríamos por una montaña rusa de emociones. Pero esa es otra… crónica.

Gracias a:
Casa Plena, en especial a Vani y Paty por acompañar nuestros vuelos
El Shala Saltillo, Pamela Álvarez y la chicas súper poderosas por tanto cariño recibido.
A todos los amigos y familiares que nos apoyaron en Atrapasueños Cabaret y en el taller de Pies que Vuelan. En especial, a Óscar Aguillón por cedernos el proyector.
A Eddy Calderón por su amistad y por el placer de volver a compartir escenarios.
A Daniela Aguirre, por su gran apoyo.
A Beto Puente y su familia por las hermosas fotografías del Cabaret.
A la familia Mihit.
A Pancho y Myrna.
A Karla González y Naissance por su activismo por el parto respetado en Saltillo
Al Ing. Gustavo Burciaga del Instituto Mexicano del Maíz de la UAAAN.

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